La felicidad nos sorprende, pero la tristeza nos cautiva como víbora a su presa; parece apoderarse de nosotros al mínimo descuido y a ella nos entregamos con facilidad, aceptándola como un sentimiento apasionado; nos abraza con honestidad y nos sumerge en un sueño doloroso del que, en el fondo, no queremos despertar; tal vez porque llena el vacío de aquello que no está.
Mórbida, adictiva, deliciosamente dolorosa; así es ella, que de caricia en caricia, al alcohol y las drogas nos puede lanzar.
La tristeza es un sentimiento tan profundo que nos conecta con nuestra humanidad, dejándonos tan vulnerables que, por morbo, muchos nos quieren abrazar; pero sin remedio, de aquello no podemos escapar.
Alejandro Londoño

